Hoy, preparándome el desayuno. Abro la alacena y agarro la lata (que en realidad es de plástico) donde guardamos el nesquik. Vacía. Me pongo a protestar internamente (tal vez se me escapó una puteadita por lo bajo) porque nunca nos acordamos de hacer la compra preventiva de nesquik y siempre se nos acaba y no tenía ganas de bajar a comprar y además por qué tenía que ir yo si siempre lo compro yo y mi primo todavía no limpió el baño que es un asco menos va a ir a comprar nesquik, total a él que le hace si come lo que haya y el boludo que ahora se tiene que conformar con ponerle azúcar y tal vez un poco de cereal, pero definitivamente nada de nesquik, a la leche matutina soy yo. Agarro el tarro de azúcar y bajo la mirada hacia mi taza, momento en el cuál me doy cuenta de que me estaba preparando un té.
Para pensar...
Hace dos semanas cumplió años mi vieja, y luego de su cumpleaños se me ocurrió que estaría bueno regalarle algo. Como vivo lejos siento que la fecha exacta no importa, así que me embarqué en la búsqueda un par de días después. Recordé que ella había hablado de un libro que pretendía meter en el programa alguna de sus materias pero que había perdido o prestado o algo y que no se conseguía en Comodoro.
Nunca he sido un gran comprador de libros. En mi casa siempre hubieron más libros de los que puedo leer en una vida (al menos con mi ritmo de lectura (que no es bajo)) y siempre encontré alguno que me interese. Desde que vivo solo mi biblioteca está formada por mis pocos libros más una colección variable de prestados por mi vieja o por algún amigo.
Las veces que, sin embargo, he tenido que comprar libros las resolví rápidamente. Vivo rodeado de librerías, y si una pasadita por las más importantes no solucionaba mi problema, una vuelta por calle Corrientes concluía todo.
Ahora bien, en estas semanas aprendí que si estás buscando un libro que se editó por última vez en 1996, aunque sea de un autor genial y semifamoso y editado por una de las casas más importantes de latinoamérica, la tarea puede resultar cuesta arriba. Esta fue la primera vez que una vueltita por calle Corrientes no concluyó nada. El libro lo conseguí de segunda mano en mercadolibre. Había dos copias, una cerca de casa y una en villa lugano. Lo tengo que pasar a retirar ahora.
Pero, ¿y si no hubiera estado en mercadolibre? ¿Un libro desaparece? ¿Puede desaparecer? No hablo de cualquier librito de hijo de vecino, sino de uno de los mejores libros (según tengo entendido) de uno de los escritores chilenos más importantes. ¿Y no está más?
Tema del día:
Holiday, de Albert Hammond Jr. Yours to keep, 2006.
miércoles, 19 de mayo de 2010
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