Hace unos días estaba buscando un cuaderno por todos lados (los que conocen mi humilde depto saben que es un caos de cuadernos, fotocopias, libros fotocopiados y anillados y apuntes de la uni) y encontré un anotadorcito lleno de mis primeros intentos en poesía que por alguna razón (desconocida) no sólo se salvó de mis épocas de quemar todo (sí, soy un inconsciente y quemo lo que escribo, demandame) si no que viajó los 1800 km que separan mi comodoro natal con capital (las fechas indican que lo escribí en comodoro) para terminar en un estante de mi biblioteca SIN QUE YO ME ENTERE.
Andá a saber como sucedió eso.
Bueno, de más está decir que lo leí entero.
Como no podía ser de otra manera, está lleno de cursilerías y lugares comunes y enojos adolescentes y amorcitos y etcéteras poco deseables.
Lleno
De todas formas hay un montón de frases reciclables (que feo que suena) y un par de poemitas que por alguna u otra razón me encantaron.
Y el diminutivo lo uso de forro que soy con mi yo adolescente nomás.
Los dejo con uno de ellos, estúpidamente simple y que gusta y no se por qué y me voy a almorzar:
Me fuí. No importa donde estaba
Los celulares se rien,
mi estrella se durmió
y ya no puedo imaginar
Casa verde
Techos planos
Luz infinita
Suerte a vos también
Tema del día:
Sæglópur, de Sigur Rós. Del disco Takk, del 2005. Vale la pena. O no.
Pd: Un informante interno me acaba de informar (qué otra cosa puede hacer un informante interno) que las gimnastas se divierten junto con el resto de los mortales, intentando pasar desapercibidas, y que sólo usan su lenguaje secreto cuando creen que su sociedad oculta no se va a ver amenazada. Por lo visto son algo asi como la versión real de los ciegos de Sábato.
Una lástima
jueves, 28 de agosto de 2008
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